Amas, las sirenas de Japón al desnudo

Hablar de tetas no está reñido con publicar entradas culturales. Sólo hemos de recordar el célebre escote de Jayne Mansfield o la visita de Alexander Gusov a los Himba. Siguiendo esta línea, este martes os voy a hablar de las denominadas Amas, las buceadoras japonesas que desde hace más de 2.000 años, se han inmerso en las frías aguas del Pacífico para realizar pesca subacuática y recolectar perlas.

¿Y dónde encaja esta historia con La BiblioTeta? Pues en que como ya habréis observado en esta recopilación de imágenes tomadas en los años 50 por el fotógrafo Iwase Yoshiyuki, las Amas realizaban su labor casi desnudas. Esto se debía a que hasta hace sólo unas décadas no había ropa que permitiera bucear de manera cómoda, además de que en la cultura japonesa la desnudez simboliza la conexión con la naturaleza. No obstante, el incremento del turismo occidental provocó que empezaran a usar más prendas.

Las Amas eran mujeres en su totalidad. Esto se debe a la diferente distribución de la grasa entre hombres y mujeres, haciendo que estas aguanten mejor el agua fría. Muchas de ellas se convertían en Amas al finalizar su etapa escolar. Era un trabajo tan bien remunerado como duro, ya que realizaban de 2 a 3 sesiones de buceo al día, llegando a sumar hasta 60 inmersiones en cada una. La hoguera en la playa en la que se juntaban todas al finalizar el día para recuperar la temperatura, era tan merecida como necesaria.

Las Amas pasaban por tres etapas a lo largo de su carrera. La primera se denominaba Cachido y comenzaba a los 13 años. En ella, las buceadoras practicaban durante 3 horas al día, y sólo podían descender a una profundidad de entre 3 y 5 metros. Las Nakasoido eran las buceadoras de más de 20 años, y al contar con una mayor experiencia podían realizar inmersiones de de entre 4 y 7 metros de profundidad. Al cumplir los 30 años se alcanzaba la etapa final, de nombre Funado. Eran auténticas expertas y por ello descendían a más de 20 metros.

No es de sorprender que actualmente, se trate de una profesión al borde de la desaparición, debido a su peligrosidad y que ya no esté tan bien remunerada. Aunque aún quedan unas cuantas Amas de casi 90 años y colosal valor, que siguen sumergiéndose para recolectar perlas. Ni qué decir tiene que en la actualidad, el avance de la tecnología les permite practicar su labor con trajes especiales con las que enfrentarse a las bajas temperaturas del Pacífico.


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